Aquellas personas, en su gran mayoría, lo hacen por que buscan esa forma de trabajo para sostenerse económicamente. Y en torno a esa necesidad se forman historias que dan para muchas otras creaciones. A veces, respaldan su trabajo diciendo que es la manera en que pueden llevarles la comida a sus familias o que el dinero que recojan será para pagar una habitación dónde dormir.
Se suben al bus con o sin permiso del conductor, ya sea por la puerta de entrada o de salida, piden disculpas por interrumpir el viaje de los que allí van. Y empiezan a entonar líricas y a tocar instrumentos carcomidos por el uso y el abuso. Algunos demuestran tener gran talento mientras otros disfrazan su poco talento en medio de fuertes sonidos y otras estrategias, igual el objetivo es entretener.
Los hay de varias formas:
1. Los que usan sus trajes que inmediatamente identifican la música que tocarán ante su público, por ejemplo si tocan música llanera entonces usan sombreros y camisas blancas, acompañados de un pañuelo rojo.
2. También hay los que cargan los instrumentos sin importar cómo son. Incluso he visto en la calle 100 con 127 a un par que se cargan el arpa y las maracas. Uno podría pensar que resulta muy difícil subirse a un bus por la puerta trasera con un ¡ARPA!, pero ellos ya cogieron la habilidad y agilidad de hacerlo.
3. Hay aquellos músicos que sin instrumento y vestuario apropiados se suben sin pudor a cantar a “a capela”. Sacan desde sus cuerdas vocales notas musicales y entonan con fuerza para poder ser escuchados a pesar del ruido de la calle.
Algunas de las historias que narran para contar por qué son músicos de buses:
- Son padres o madres cabezas de familia y deben sostenerla.
- Son líderes de algún grupo para alcohólicos y drogadictos en proceso de rehabilitación.
- Son músicos que quieren ser conocidos.
- Son personas que buscan dinero para pagar su sostenimiento.
- Estudiantes que con la ganancia pagan sus estudios.
- Personas recién salidas de la cárcel
- Desplazados por la violencia que necesitan ubicarse en la gran ciudad.
A veces, si uno no les da dinero entonces viene como respuesta una mirada de agravio. Pero si sí se les da entonces agradecen con una sonrisa y un “que Dios le bendiga”. La cuestión es la misma, ahora es; entretenimiento + riesgo = ganancia.
El público resulta todo un grupo crítico que aplaude si le gustó el show o que ignora al músico si no le gustó. Pero este panorama puede llegar a demostrar muchas cuestiones, por un lado que estamos viviendo en un país donde no hay oportunidades laborales para personas de bajos recursos que no tienen estudios (es más ¿acaso las tienen quienes sí son estudiados?), y por otro, que los colombianos son tan “verraquitos” que buscan las mil formas de salir adelante a pesar de las circunstancias.
¿Si se les da dinero uno contribuye a su búsqueda de calidad de vida o más bien a su pobreza?, ¿cuánto lograrán sostenerse con la ganancia?, ¿qué tan reales son las historias que respaldan su trabajo?, ¿se convierte para ellos en costumbre después de la necesidad, de ser así, entonces no buscan mejores opciones de trabajo?. Son sólo algunos de los interrogantes que surgen al ver este cuadro social, preguntas que al parecer no se le dan respuesta aún.
Ahora usted, señor o señora o señorita o joven visitante puede contar en éste espacio qué le ha ocurrido con los músicos de bus en bus, aquí usted puede intentar dar respuesta a las anteriores preguntas y si quiere, plantear otras, la cuestión está en que de seguro usted ha vivido este tipo de experiencias que sólo ocurren en la calle. Cuéntelas.
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domingo, 30 de marzo de 2008
Músicos de bus en bus
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